Historia | La influencia de los inmigrantes en la política Argentina
- Manuel Matti
- 10 may 2018
- 15 Min. de lectura
Actualizado: 3 abr 2024
Breve reseña histórica

CONTEXTO
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la Argentinaexperimentó la llegada de grandes corrientes migratorias. Entre 1862 y 1880, el país había consolidado un sólido modelo agroexportador que requería mano de obra para expandirse. Los presidentes Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca implementaron políticas destinadas a estimular la inmigración. Al mismo tiempo, el Estado facilitó las inversiones extranjeras y estableció el sistema monetario, crediticio y fiscal.
Otro acierto del Estado fue que las políticas estatales se adecuaron a las tendencias de la economía mundial que ofrecían buenas oportunidades a los países que pudieran incrementar su producción de alimentos y materias primas. Aquellos que se habían empobrecido en el viejo continente, a causa del desarrollo industrial y la falta de tierras, comenzaron a migrar para la Argentina en busca de “hacerse la América”.
Es durante la presidencia de Sarmiento que se realiza el primer censo general del país -del 15 al 17 de septiembre de 1869-. La población total, excluidos los indios, era de 1.736.923 habitantes. En 1895 ascendió a casi 4 millones, llegando a 7 millones para 1910. Los inmigrantes trajeron su cultura y sus ideologías, principalmente el pensamiento anarquista y el socialista, que ejercitaron en las luchas sociales europeas de la época. Ya para 1895, uno de cada dos habitantes era extranjero.
La situación económica y social fue la que marcó un proceso de inmigración masiva, desde Europa hacia América, concretamente hacia la Argentina. Las causas son varias: guerras europeas, re-consolidación de los estados de Italia y Alemania, la guerra franco-prusiana, crisis cíclicas en Europa -por ejemplo, la crisis del 73-75, que impacta también en la Argentina en medios económicos, pero que va a marcar en Europa un movimiento de población-.
Uno de los propulsores de la inmigración fue el Barón de Hirsch, creador de la Jewish ColonizationAssociation. Fue cuando el 14 de agosto de 1889 llegan los primeros judíos a Buenos Aires a bordo del vapor S.S. Wesser. Fueron 120 las familias que arribaron escapando de las persecuciones en la Rusiazarista, asentándose en Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, Santiago del Estero y Buenos Aires. En Entre Ríos, se los conocía como los “gauchos judíos”, pero con el tiempo muchos abandonaron las colonias migrando a las ciudades en busca de un mejor estilo de vida.
En este contexto es cuando comienzan a nacer los partidos políticos en Argentina. Surgen en un momento en el cual había un aluvión inmigratorio muy importante, en una etapa de desarrollo económico en la cual comenzaban a generarse algunas pautas de estabilidad a nivel macroeconómico.
SOCIALISMO
El partido se fundó con la presencia de grupos alemanes, franceses e italianos-es importante remarcar que el primer afiliado fue Enrique Dickmann, letón que había arribado al país con tan solo 12 años-. Los obreros de las ciudades se aglutinaron en el partido socialista, y fue en 1890 cuando logró reunir a casi 3 mil obreros en la celebración del 1º de mayo.
En 1880 llegó a Buenos Aires el germano Carlos Mücke, y junto a un grupo de trabajadores alemanes que también arribó a las orillas del Río de La Plata huyendo de las persecuciones del gobierno de Otto Von Bismarck fundaron el 1 de enero de 1882 el club Verein Vorwärtz - Unidos Adelante-, designando como presidente a Augusto Latzky. Con los objetivos de crear una organización obrera que bregara en defensa de sus intereses económicos y bajo la consigna de esparcir su ideología crearon la primera cooperativa de consumo y periódicos como “Vorwärtz” y “El Obrero”. Su importancia en la vida política de la argentina fue tal que la fundación del Partido Socialista tuvo como escenario el local Vorwärtz.
Poco a poco, los socialistas fueron ganando adeptos. En sus primeros años, Juan B. Justo difundía sus ideas socialistas desde el periódico “El Obrero”, cuyo fundador era Germán Ave Lallemant. En 1894, funda el periódico “La Vanguardia”, y un año más tarde se convertiría en el primero en completar la traducción al español de “El Capital”, de Karl Marx. El 28 de junio de 1896, fundó el Partido Socialista Obrero Internacional y redactó su “Declaración de Principios”, que fue corregida por Friedrich Engels.
En 1901, los socialistas fundan la primera organización de entidades gremiales, la FOA -Federación Obrera Argentina-. Pero es en 1902 cuando las organizaciones de origen socialista que la integraban la abandonaron para agruparse en la UGT -Unión General de Trabajadores-. Es en éste momento que la FOAqueda en manos de los anarquistas, que en 1904 la convirtieron en la FORA- Federación Obrera Regional Argentina-.
En 1905 se produce una segunda ola inmigratoria al país, donde la inmigración española se hace notar, superando a la italiana en 1912. Por aquellos años existía una buena relación con España, siendo en 1900 cuando el presidente Julio Argentino Roca decreta que, en las fiestas oficiales y en los actos escolares, se omitiera del Himno Nacional el canto de los versos que se referían a las luchas por la Independencia, como cortesía a la inmensa cantidad de inmigrantes españoles que se habían establecido en el país.
Apretujándose en los conventillos, los extranjeros que llegaban en la segunda oleada preferían afincarse en las ciudades. La falta de agua, el déficit de los servicios de salud y las enfermedades infectocontagiosas revuelven el ambiente. En 1907, estalla una huelga de conventillos contra los alquileres abusivos y los precios elevados del pan y la carne. Varios militantes socialistas, como Alicia Moreau, Enrique del Valle Iberlucea y Antonio De Tomaso, organizaron las manifestaciones de protesta.
El español Enrique del Valle Iberlucea, que en 1913 se convertiría en el primer senador socialista de América Latina, llegó al país en 1885. Su padre decide exiliarse en Argentina buscando seguridad, ya que sufría persecuciones por sus ideas liberales y republicanas. Como legislador fue un defensor de los derechos de las mujeres, llegando a proponer leyes como el divorcio vincular y la despenalización del aborto. En 1902 se afilió al Partido Socialista, siendo allí donde conoce a Alicia Moreau de Justo, con quién funda las revistas socialistas “Humanidad Nueva” y, en 1908, “Revista Socialista Internacional”. Participó con sus proyectos y en los debates parlamentarios en propuestas como la reglamentación de la ley de trabajo a domicilio, la transparencia de los ejercicios económicos y las reformas para democratizar el Código Penal. Su énfasis en mantener una estrecha vinculación entre socialismo y filosofía significó un aspecto renovador para la Argentina de aquellos tiempos. Es nuevamente Argentina quien tendrá el primer diputado socialista de América. El 13 de marzo de 1904, Alfredo L. Palacios es electo legislador por el barrio de la Boca. Brega por la sanción de leyes laborales y sociales y se pronuncia a favor de los derechos femeninos, pero en 1915 es expulsado del partido por retarse a duelo con el diputado radical Horacio Oyhanarte -nunca llegó a concretarse-.
Desde "La Vanguardia" impulsaron sus ideas. Dirigentes como Alfredo Palacios, Manuel Ugarte y Mario Bravo introdujeron posturas alrededor de un mensaje donde se mezclaba nacionalismo, latinoamericanismo y antiimperialismo. Moreau de Justo le imprimió contenidos feministas y Del Valle Iberlucea su visión internacionalista. Las ideas socialistas representaron diferentes reflexiones e intentos de oposición al individualismo y a la miseria que implica el capitalismo en pleno desarrollo.
ANARQUISMO
El anarquismo es una ideología de choque. Está en contra de la institucionalización de la política y plantea la acción directa con tres patas: la huelga general, el sabotaje y los atentados. Diferenciándose del anarquismo, dirigentes socialistas como Juan B. Justo y Nicolás Repetto planteaban la consolidación de un partido que, formando parte de la democracia, eligiera a sus representantes para formar parte del parlamento y, de esta manera, obtuviera leyes que beneficiaran a la clase obrera.
A causa del trabajo precario e informal que los obreros desempeñaban, muchos encontraban en el anarquismo la forma rápida de una protesta inmediata. En busca de la destrucción del orden liberal burgués imperante, los anarquistas intentaron establecer otro tipo de orden social; generalmente ligado con el mutualismo o el federalismo. Argentina fue el país de Sudamérica donde su influencia se hizo más fuerte, ganando adeptos entre las masas obreras durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX -creación de la FORA en 1904-.
Corre el año 1899 cuando el diputado Miguel Cané ideaba un proyecto que saldría a la luz tres años más tarde: la Ley de Residencia. Una ola de huelgas, en noviembre de 1902, derivó en una huelga general. Ante este escenario, el Estado sanciona la Ley 4144, “de residencia”, y declara el estado de sitio. Con esta ley, el gobierno obtuvo la libertad de acción necesaria para deportar a los extranjeros que “perturbaran el orden público”; es decir, todos los agitadores serían expulsados en cuanto cometieran alguna transgresión del orden social, y el conflicto era visto como un problema de esa índole. Hacia fines de 1902, unas 60 familias de anarquistas son expulsadas con destino a Génova y Barcelona. Siete años más tarde, un joven anarquista de 18 años, de origen polaco, intercepta y le arroja una bomba al auto en el que viaja el jefe de la policía, Ramón Falcón, asesinándolo.
La llegada del fascismo a Italia provoca la expulsión, en 1923, y el arribo a la Argentina, de Severino Di Giovanni, un anarquista de participación activa en la sociedad de nuestro país. El italiano, nacido en 1901, alimentó su pensamiento a través de autores como Bakunin, Malatesta, Proudhon y Reclus. El 6 de junio de 1925, en el Teatro Colón, interrumpió a los gritos una función en homenaje al rey de Italia, dando inicio a su participación en una ola de atentados que finalizarían en 1931. Las actividades terroristas de Di Giovanni y su mano derecha, Paulino Scarfó, eran combatidas desde las páginas de “La Protesta” por anarquistas de tendencia pacifista, tales como Diego Abad de Santillán y Emilio López Arango, este último asesinado por gente de Di Giovanni. En enero de 1931, fueron arrestados y fusilados Di Giovanni y Scarfó.
Un gran contingente de anarquistas, sobre todo italianos y españoles, se establecieron en el sur; emparentados con la llamada Patagonia rebelde, que se desencadena en 1921. También están ligados con personajes que levantan a los trabajadores chilenos, que se encontraban en peores condiciones que los argentinos. Fue la tradición más conservadora del país la que impidió que los anarquistas sedujesen con su discurso a los partidos de izquierda.
COMUNISMO
Con la instalación del fascismo en Italia, muchos que fueron perseguidos emigraron hacia nuestro país. Eran sectores muy influenciados con las ideas socialistas, anarquistas y marxistas, que influyeron en nuestra sociedad; no sólo eran portadores de ideologías, sino que hicieron un gran aporte a la organización sindical. Dentro del paradigma materialista-histórico planteado por Karl Marx, podemos encontrar 6 supuestos que lo identifican: 1) Alienación del producto (propiedad privada del capitalista), de sí mismo (obrero fuera de sí cuando trabaja) y como mercancía (su trabajo vale dinero), siendo el salario consecuencia de la alienación. 2) Auto creación del hombre por el trabajo: no se recrea más a partir de sus necesidades, se “adapta” como un animal al capitalismo. 3) Rechazo de la filosofía idealista: la religión y la filosofía mantienen el statu quo, sacando la mirada del obrero de su realidad concreta. 4) Noción de Estado y su futura superación: el sistema jurídico legitima al capitalismo y la explotación; el Estado brinda una falsa noción de libertad. 5) Superestructura que justifica al sistema económico: siendo el Estado la Superestructura, es la infraestructura el sistema económico -producción en serie, división de trabajo, acumulación de capital, propiedad privada (que fundamenta que la burguesía sea la clase dominante)-. 6) Praxis Revolucionaria: busca terminar con el Estado. Se logra atravesando dos fases: la fase socialista, donde la falsa conciencia se transforma en la toma de conciencia; y la fase comunista, que consiste en la deconstrucción del Estado e instauración de la Nación Comunista, solidaria y cooperativa.
En 1912, llegó al país Victorino Codovilla, inmigrante italiano de raíces socialistas que se convertiría en uno de los dirigentes comunistas más importantes de América Latina. Desde su llegada a la Argentina, va a estar vinculado al desarrollo de la política de nuestra nación. Gran defensor del pensamiento marxista, estuvo presente el 6 de enero de 1918, cuando se fundó el Partido Socialista Internacional, hoy Partido Comunista Argentino. Desde entonces, fue un personaje activo, dentro de las actividades del partido y dentro de la organización gremial independiente de los trabajadores del país. Más adelante, es el presidente Castillo quien lo detiene y apresa en la Casa Radical, mientras Codovilla gestionaba la unidad de los antifascistas, siendo trasladado durante la época peronista a Río Gallegos. Una vez en libertad, es Chile el lugar elegido por Victorino para establecerse, retornando a la Argentina de forma esporádica. Ferviente confrontador de Perón, definiendo al partido justicialista como “nazi-peronismo” fue capaz de declarar que: “… los naziperonistas se proponen conservar el poder por cualquier medio y sus planes son preparados minuciosamente con la ayuda de agentes hitleristas, expertos en provocaciones y guerras civiles”. En 1957, apoyó la candidatura presidencial de Arturo Frondizi, que fue un candidato también apoyado por Perón, por entonces en el exilio desde el golpe de estado en 1955. En 1970, Codovilla fallece en Moscú, luego de una larga trayectoria política.
El Partido Comunista Argentino es una fractura del partido socialista. Fue en 1919, después de los hechos provocados por la Revolución Rusa, que dentro del Partido Socialista se abrió una tendencia expresada por un sector de la juventud internacional socialista. La fractura surgió a partir del debate sobre cómo interpretar los cambios que significaba la revolución para el proceso revolucionario, abriéndose dos tendencias: la que negaba la revolución como un proceso transformador y la que asumía la defensa de la revolución, siendo la segunda la que se constituye como Partido Comunista.
En el salón Verdi, en La Boca, fue donde se formalizó el acta constitutiva del Partido Comunista. Allí también se encontraban figuras como José Fernando Penelón, quien fue un fuerte cuestionador de empresas privadas y consorcios internacionales. Penelón fue fundador y director de “La Internacional” y “La Correspondencia Sudamericana”, al mismo tiempo que formó parte de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Tuvo muchos referentes importantes el Partido Comunista, que a lo largo de los años fueron tomando protagonismo en nuestra política.
UNIÓN CÍVICA RADICAL
Hacia 1889, la Argentina había entrado en una larga crisis. Caída de salarios, desocupación e incertidumbre provocaron una sucesión de huelgas. En 1890, nace la Unión Cívica, bajo la presidencia de Leandro Nicéforo Alem. El partido buscó organizarse como el primer partido moderno de la Argentina, aunque ajeno a las inquietudes que manifestaba el movimiento obrero de la época. Cuando en 1891 comenzaron a discutirse las candidaturas para la elección presidencial del próximo año, se produjo la ruptura del partido. Fue el 26 de junio de 1891 cuando Alem, tras separarse de la fracción que seguía a Bartolomé Mitre, creó la Unión Cívica Radical. En el partido confluían grupos provenientes del nacionalismo, el socialismo y el liberalismo.
En sus inicios, el radicalismo expresaba los anhelos de los sectores populares criollos apartados de la vida pública por la oligarquía. De esta manera, fue adquiriendo trascendencia política. Pero el 1º de julio de 1896 su fundador, Leandro N. Alem, decidió terminar con su vida. El caudillo radical estaba disconforme por la evolución de su partido desde la fracasada revolución de 1893, al mismo tiempo que lo abrumaba una gran decepción por la falta de lealtad de su sobrino y protegido político, Hipólito Yrigoyen. Tal como ya se contó, las distintas oleadas inmigratorias fueron marcando un cambio sustancial en la vida del país y existieron oleadas de inmigrantes que rumbearon para el interior. De todas formas, la Unión Cívica Radical nació en los alrededores de la naciente clase media. En 1912, el entonces presidente Roque Sáenz Peña, realizó una reforma electoral que impuso el sufragio secreto y obligatorio, buscando desterrar el fraude que dominó durante años la política nacional. Luego de la muerte de Sáenz Peña, en 1914, asumióla Presidencia Victorino de la Plaza, siendo él quien puso en práctica, por primera vez, la nueva ley. Es entonces cuando, en 1916, se impone triunfante el jefe radical Hipólito Yrigoyen.
Yrigoyen nunca logró forjar una relación con los sindicatos que le hubiera permitido dar una base laborista, una base sindical, a su propuesta política. Sin tener un asidero de partidos sindicales adeptos al partido, es durante la segunda presidencia del jefe radical en 1930, cuando un golpe militar, encabezado por José Félix Uriburu, lo derroca, sin detectarse resistencia popular. Yrigoyen, de 77 años, fue conducido a la isla Martín García. Y luego de este episodio ningún presidente radical electo lograría finalizar su mandato.
JUSTICIALISMO
El Partido Justicialista fue fundado por el General Juan Domingo Perón en 1947. El General nació en Lobos el 8 de octubre de 1895, un pueblo de gran crecimiento durante la época colonial, dado que formó parte de una cadena de fortines para detener el avance de los indios. El bisabuelo de Perón había nacido en Cerdeña y, ya casado con una dama de origen escocés, se radicó en Buenos Aires. El abuelo, Tomás Liberato Perón, contrajo matrimonio con una joven uruguaya cuyos antepasados eran vasco-franceses. Tomás Perón sirvió como médico en el Senado, fue presidente del Consejo Nacional de Higiene y estuvo incorporado al ejército durante la Guerra con el Paraguay. El padre de Juan Domingo, Mario Tomás Perón, tenía 23 años cuando se trasladó a Lobos en 1890, donde conoció y tomó como esposa a Juana Sosa Toledo, madre del General. Juana era una muchacha de campo, criolla con mezcla de sangre india y española en sus orígenes. Al empeorar las condiciones económicas, Mario Tomás decide radicarse junto a su familia en la Patagonia, en busca de nuevas oportunidades. En la Patagonia, las condiciones de vida de los peones de estancia eran opresivas. Juan Domingo crece observando en carne propia cómo, tanto para los inmigrantes europeos como para los chilotes que se encontraban trabajando en el sur, era casi imposible poseer su propia tierra para labrar, siendo que la tenencia estaba concentrada en poder de unas pocas corporaciones y familias, al mismo tiempo que los trabajadores carecían de protecciones laborales contra los abusos de los propietarios y agentes.
La ideología predominante del Partido Justicialista se centra en la defensa de los trabajadores, quedando desde entonces ligado a la clase obrera y a los sindicatos. Ya instalado como presidente del Departamento Nacional de Trabajo, es sobre esa base que el General organiza la Secretaría de Trabajo y Previsión con jerarquía ministerial. Es por su experiencia adquirida en la Italia fascista, y siguiendo el consejo de asesores formados en el sindicalismo español, que Perón se lanza a la búsqueda del apoyo de dirigentes obreros, atrayendo sectores sindicales a sus filas. Apoyándose tanto en el ejército como en el movimiento sindical, el General lanza políticas laborales que convierten a los obreros en fieles seguidores del gobierno, que los favorecía en los conflictos con los patrones. El General vivió muchos años en Italia, donde se convirtió en un ferviente admirador de Benito Mussolini y de allí adoptó el modelo de comunicación entre el líder y las masas. El peronismo fue definido por Perón como un “movimiento nacional” y para distinguir su concepción “nacional y popular” de los criterios marxistas de “proletariado” definió a ese sector social como “clase trabajadora”. Esto lo diferenció del concepto marxista de “lucha de clases”.
Perón fue integrante del GOU (en sus comienzos Grupo Obra de Unificación, mejor conocido como Grupo de Oficiales Unidos), una logia que en 1943 derroca al presidente de facto Pedro P. Ramírez, distribuyéndose los cargos gubernamentales. “El grupo directivo del GOU tenía en cambio una confianza ilimitada en la escuela de geopolítica de Karl Haushofer, cuya doctrina, si bien fue aceptada por Hitler, también ha tenido importantes teóricos en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. Los jefes del GOU –y Perón entre ellos- estudiaron geopolítica en Alemania y, puesto que eran oficiales brillantes del ejército de una de las mayores naciones sudamericanas, les pareció excelente la tesis de Haushofer sobre la dependencia de los países pequeños en cuanto a los más grandes”, analiza Rogelio García Lupo en La rebelión de los coroneles. El GOU giraba en torno de seis preceptos: la defensa pública del Ejército, la defensa del servicio militar, la defensa de los mandos, la defensa de los cuadros, la defensa de la jerarquía y la lucha contra el comunismo. Es por esto que personajes como Victorino Codovilla hablaban de un nazi-peronismo, o hacían referencia al GOU como una logia nazi.
Es en el discurso de su primer aniversario como presidente de la Secretaría, el 26 de noviembre de 1944, cuando Perón, junto a un grupo de dirigentes sindicales, expone su visión: “Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándola por un acuerdo entre obreros y patronos, al amparo de la justicia que emana del Estado”. Es a comienzo de la década de 1950, ya como Presidente de la República, cuando la Fundación Eva Perón crea, con el propósito de contener el incremento del costo de vida, 200 proveedurías sindicales donde se despachaban comestibles y textiles con precios al costo.
Mediante una política oficial de redistribución del ingreso y el aumento del salario mínimo, Perón alentó la sindicalización masiva de los trabajadores, en particular del sector industrial. Con mejoras sobre las condiciones laborales, los convenios colectivos firmados regularon aspectos anteriormente sujetos a la autoridad de los empresarios.
CONCLUSIÓN
Las corrientes inmigratorias que llegaron a la Argentina desde Europa en la primera mitad del siglo XX ingresaron ideas que influyeron notablemente en la política de nuestro país. El socialismo, el comunismo y el anarquismo sentaron las bases para la formación de diferentes partidos que marcaron nuestra historia.
Probablemente el destino, la tierra prometida para muchos europeos, era Argentina, porque había trabajo -era considerada “el granero del mundo”- y tenía condiciones económicas favorables. Aunque uno de los motivos principales por el que muchos europeos en la posguerra o entre guerra desembarcaron en el país fue que Argentina, a diferencia de Brasil, Colombia, Chile o cualquier país latinoamericano, tenía un movimiento político muy desarrollado, con un debate profundo, con promoción de la cultura y con posibilidades de desarrollo de esas ideologías que se dispersaban sobre el viejo continente.
Los inmigrantes llegaron con el sueño de forjar su destino en Argentina. El sistema educativo gratuito, público y laico, transmitía la idea de la importancia del Estado y de la trascendencia que la sociedad asignaba a la educación. Fue la escuela la que proveyó las herramientas para la incorporación de esos inmigrantes a la sociedad, conduciendo a la nacionalización de sus hijos, quienes aprendieron nuestra lengua, nuestra historia y nuestra geografía. Aportaron trabajo y sacrificio, pero además enriquecieron con sus ideas la historia política del país.
Historia | La influencia de los inmigrantes en la política Argentina
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
FUENTES
_Gerardo López Alonso, 1930-1980 Cincuenta años de historia argentina, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982, Tercera edición, p22. _Alfredo B. Grosso, Curso de Historia Nacional, Buenos Aires, Editorial Crespillo, 1961, Edición ampliada, p559-560. _Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, Primer Diccionario Altermundista, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2008, Primera edición, p321-322. _Clarín, Historia TIME del siglo XX, Israel y Oriente Medio, Barcelona-Buenos Aires, Editorial Sol 90, 2012, Primera edición, p36-37. _Claudio Belini-Juan Carlos Korol, Historia económica de la Argentina en el siglo XX, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2012, Primera edición, p121-141. _Clarín, Ñ Revista de Cultura, El trabajo, esa invención del peronismo, Buenos Aires, número 558, 2014, p4-5. _Ricardo de Titto, Los hechos que cambiaron la historia argentina del siglo XX, Buenos Aires, El Ateneo, Primera edición, 2004, p21-123. _José Luis Romero, Breve Historia de la Argentina, Buenos Aires, (FCE) Quinta edición aumentada, 2005, p109-120. _http://www.psciudad.org.ar/h-iberlucea.htm _Victorino Codovilla, Batir al Nazi-peronismo para abrir una nueva era de libertad y progreso, Buenos Aires, El Ateneo, 1946, Primera edición, p2-21. _Natalio R. Botana-Luis Alberto Romero-Georges Clemenceau-Rosendo Fraga, Mirando al Bicentenario, Buenos Aires, Ediciones B., 2009, p107-110. _La Nación, La Argentina en el siglo XX, Buenos Aires, Editado por La Nación-impreso en los talleres Anselmo L. Morvillo S.A., p7-8-9-105. _Sara Fernández Cardoso-Inés Comuzzi, Teoría Social, Buenos Aires, EDUCA, 2007, Primera edición, p69-78. _Joseph A. Page, Perón, una biografía, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1984, Primera edición, p32-33. _Alfredo Bauer, La asociación Vorwärtz y la lucha democrática en la Argentina, Buenos Aires, Ediciones Biblioteca Nacional, 2008, Primera edición, p11-15.
コメント